El hermano Marcos Ángeles continúa la serie en la carta a los Hebreos. Escrita a una iglesia al borde de volver atrás, a la comodidad de lo antiguo, la carta insiste en que Cristo es superior en todo, también en el pacto.
Desde Hebreos 8:6-13, el mensaje muestra por qué el antiguo pacto era temporal, externo y defectuoso: revelaba el pecado del pueblo, pero nunca pudo quitarlo. Y lo compara con el pacto que Dios hizo con Abraham, donde solo Dios pasa entre los animales partidos. En el nuevo pacto, la responsabilidad está sobre Cristo y no sobre nosotros.
Termina con una invitación: no se llega a Dios con esfuerzo propio, sino mirando la cruz, y es el Espíritu Santo quien transforma el corazón.